El pasado miércoles 1 de octubre se celebró la final de K-1 World Max 2008 en el Nippon Budokan de Tokyo, siendo el japonés Masato (crónica en inglés) el campeón de dicho evento. Como ya conté un poco de qué iban las reglas de este deporte (que si, que es deporte!) y en que consistía, no lo repetiré.
Empezó a las seis de la tarde y acabó pasadas las nueve. Para darse puñetazos y patadas, fueron subiendo al ring diferentes luchadores, de diferentes nacionalidades y con estilos de lucha que, en ocasiones, tampoco eran iguales.
La verdad es que el precio de las entradas no es moco de pavo, ahora mismo no recuerdo todas las tarifas de este evento, pero por ejemplo, los precios en yenes del próximo, que esta vez se disputa en el Yokohama Arena de Yokohama el 6 de diciembre son: 6.000 (44€), 13.000 (95,3€), 22.000 (161,3€), 35.000 (256,7€), 100.000 (733,5€). Lo que parece indicar que la gente que está en el ring se está pegando de verdad. Bueno, por ahora me tengo que conformar con el asiento más barato.
En esta ocasión tuve la mala suerte de tener delante a tres chavales con las cabezas descomunales y cortes de pelo de lo más fashion. Por si eso fuera poco un hombre mayor a mi izquierda parecía tener problemas de vejiga y entraba y salía cada cinco minutos. Para bordar la faena, un grupo de seis extranjeros a mi espalda daban patadas en mi respaldo, tiraban cerveza y se hacían asquerosamente insoportables incluso llegándome a hacer sentir vergüenza ajena… Me cambié de sitio. Peor asiento, peores vistas, pero no tenía la esperanza de que todos ellos lo hicieran y no estaba disfrutando del espectáculo.
Antes de moverme, grabé esta pelea del famoso thailandés Buakaw Por. Pramuk contra el hindú Black Mamba. Me parece curiosa la reacción del perdedor, hay diferentes tipos de derrota y quizá no todas tengan que ser amargas…