Archive for the ‘Abstract’ Category

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437. “Rock with You”

June 26, 2009

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No importa qué pase o cuantos días pasen. Cuantas mentiras o verdades se cuenten de Michael Jackson. Si es underground, pop o comercial. “Off the Wall” será siempre uno de los mejores álbumes en mi extensa biblioteca musical.

Descansa entre leyendas…

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436. I’m Workin’: WTF JAM

June 17, 2009

El tito Aurelio trajo la idea, y entre los dos la trabajamos vía iChat para pulirla. Espacios. Grosores. Tamaños. A veces las cosas no son tan sencillas como parecen. Con otro homenaje a Run DMC, llegan las camisetas de las What the Fuck Jam Sessions que se podían comprar el pasado lunes en la entrada del mítico club de jazz Jamboree, en la Plaza Real de Barcelona. Todas en color negro y tallas que iban de la S a la XXL.

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Si ya es un placer poder trabajar utilizando un diseño de Brent Rollins, aun lo es mucho más poder llevar una camiseta con tu trabajo el día que se celebra el 8º Aniversario de las What The Fuck Jam Sessions. Espectáculo musical de más de cuatro horas por cuatro euros. Todos los lunes. Desde hace ocho años. Un escenario al que se han subido a improvisar músicos de todo el mundo. Muchos muy famosos, otros menos conocidos.

Siempre recordaré una cena en Bélgica rodeado de gente de habla hispana. El chaval que se sentaba a mi lado me dijo que era músico (como muchos otros de los que compartían mesa), que había estado tocando en algunos sitios de Barcelona. Recordaba un local en el que la gente podía subir al escenario e improvisar con los músicos que allí habían. No recordaba el nombre, sólo que estaba en una plaza con palmeras cerca de la estatua de Colón y que dentro había mucha gente y muy buen ambiente.

A los que quieran comprar una camiseta WTF JAM, sólo os puedo dejar el mail de contacto (info@wtfjamsessions.com), o si estáis cerca, recomendaros que os acerquéis cualquier lunes desde las 21h hasta la 1.30h para formar parte de la leyenda, y es que, amigo, en pocos locales de Europa por no decir del mundo, encontrarás una media de cinco músicos en escenario y unos ocho o diez artistas diferentes durante más de cuatro horas por cuatro euros.

Como ha dicho todos y cada uno de los lunes durante ocho años Aurelio Santos al micrófono: Gracias por amar la música en vivo.

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434. Todo el mundo tiene una historia

June 7, 2009

La chica de Panamá, a mi izquierda, con un amigo y apoyada sobre su propio codo, empezó a hablar de forma cómoda y distendida. Yo la analizaba pasando una y otra vez por los mismos sitios. Menudita. Piel canela que diría Nat King Cole. Labios finos. Ojos oscuros. Me sorprendió cuando me dijo su edad, ya que yo le echaba más de díez menos… y casi tenía díez más que yo. Le miré los pies. Seguía hablando mientras volví a bajar la mirada. Tejanos. Cintura fina. Me paré un segundo, o puede que dos en su pecho. “Se va a dar cuenta”, me dije. Le miré a la cara, preciosa y antes de que acabase la frase ya había vuelto los ojos donde antes. El amigo se fue e intenté acercarme un poco, sólo un poco, más.

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La chica de Panamá, mayor que yo, guapa, tenía conversación interesante y compartía profesión con el que la escuchaba con los oídos y la miraba con los ojos. Hablamos de Japón, Korea, Hong Kong, trabajo, Adobe, agencias, dinero y tiempo libre. Dijo algo que no recordaba haber oído nunca y que me llamó la atención: el tiempo libre que uno tiene, es proporcionalmente inverso al dinero que posee. Me contó su historia, como la engañaron y le dejaron una deuda que aún sigue pagando, para venir a España. Como comparte piso con unas teenagers, la cual cosa, aunque no tiene nada malo, a su edad, le hace replantearse si realmente está donde debería estar. Problemas de pareja (esos, los únicos que no los sufren, son los solteros). Cuando hizo una pausa, sin esperar ningún consejo, como compartiamos cosas en común, decidí contarle mi historia resumida para pasar a hablar de algo más divertido. Ni mejor, ni peor que la suya. Ni más alegre, ni más triste. Mía. Cuando terminé, después de un “joder”, dijo otra cosa que me gustó: a veces pensamos que sólo nosotros tenemos problemas, pero todo el mundo tiene una historia.

Esbocé una sonrisa. Volvió su amigo reclamándola. Me agaché para besarle en las mejillas y me despedí hasta la próxima.

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431. Libritos

May 5, 2009

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Estando en Japón, me hice libritos alguna vez. No fue fácil. Encontré alguna carnicería que vendían la carne al corte, pero no me veía lo suficientemente preparado como para plantarme y explicarle al carnicero en cuestión que quería lomo de dos colores, cortado ni muy fino, ni muy gordo, para hacer libritos. ¿Cómo se dice lomo en japonés?, ¿cómo se dice lomo de dos colores?, ¿y libritos?… Bueno, creo que le podía pegar el sermón y explicarle como tenía que cortar la carne haciendo referencia a “como un libro”. Lo del lomo (olvidémonos de los dos colores), muy posiblemente lo podía encontrar en el diccionario electrónico que el bueno de Flamio me acompañó y asesoró en comprar un día en Akiba… pero descarté la aventura de entenderme con el carnicero en pos de la de encontrar carne que parezca lomo y sea un poquito gorda en el super, cortarla y preparar semejante manjar lo mejor que uno puede.

La anécdota fue divertida pero engorrosa. Aunque podría haber sabido lo que era lomo y lo que no muy fácilmente, opté por fiarme de mis ojos con lentillas. Me planté frente a la nevera de la carne y fui descartando lo que era pollo o pájaro de lo que era ternera o marrano. Acabé echando en mi cesta una bandeja de algo que parecía lomo, o por lo menos se parecía a algo que yo ya había visto en la carnicería de mi barrio, así que no podía estar malo…

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El queso fue un problema, me gustan los libritos con queso de verdad y no la mierda esa con forma cuadrada que parece plástico. El encontrar “queso de verdad” en Japón no es imposible, pero tampoco tan fácil como lo es en España. Así que le tuve que poner queso de ese que dicen que alimenta como nosecuantos vasos de leche, pero no sabe a nada y tiene peor pinta. El jamón cocido, mucho más pequeño que el que se puede comprar en las charcuterías españolas (que no nos engañemos, es bastante grande) muy posiblemente porque el consumo sea mucho menor, me pareció menos jugoso y fresco y me recordó más a una mortadela, de todos modos, de sabor no estaba mal.

Bueno, me junté en casa con el queso en lonchas, el jamón cocido y esa carne cruda que parecía lomo (lo era). Rebusqué entre los cajones el cuchillo que me daba una probabilidad más alta de no cortarme la mano en un mal gesto, lo intenté afilar un poco más en la base de cerámica sin acabado en brillo de un bol y lo usé lo mejor que pude, que no voy a decir ninguna mentira, no fue todo lo bien que debería haber sido. Puse el relleno. Enhariné. Pasé por huevo. Rebocé con pan rallado. Freí en aceite. Saqué a una bandeja con papel de cocina, y compartí en compañía japonesa que a los primeros cortes miraba el jamón y el queso dentro diciendo “omoshiroi” y “oishii” repetidamente.

La verdad es que para no tener los mejores ingredientes para esta receta, o por lo menos no los que uno está acostumbrado a usar, aunque el sabor, evidentemente, no era el mismo, daban el pego en un momento de nostalgia del paladar e incluso te podían hacer quedar como un apañao delante de la chica que esperaba mientras preparaba la mesa, a que acabases de hacer la comida…

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430. Impuesto revolucionario

May 3, 2009

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Dando un garbeo por el casco antiguo de Barcelona con Giro, nos encontramos una tienda de ropa con algunas marcas japonesas. Lo que exponían en el escaparate, no eran las mismas colecciones que se podían encontrar en Tokio, la cual cosa confirmaba que sí, nos venden stocks y prendas descatalogadas de otros países a precio de temporada, ya que los precios, si cabe, eran incluso más caros.

Entramos a curiosear con los bolsillos pelaos y pocas intenciones de gastar… Él anduvo moviendo perchas ojeando ropa y yo me quedé un poco al margen.

Cuando el dependiente nos quiso explicar que las marcas eran niponas, que el dueño era Fulanito, que patrocinaba a Este o a Elotro,.. mi amigo le dijo que yo estaba viviendo en Tokio, a lo que yo apunté: Yokohama, y no dudé en comentarle que lo que tenía su escaparate, aunque no eran diseños feos, no era lo mismo que se podía comprar en Japón. El tío fue sincero y no me escondió nada, dijo que compraban las prendas en Hong Kong ya que las distribuidoras oficiales eran más caras (¿no me digas?) y que por no comprar a éstas, no tenían derecho a devolución o cualquier tipo de cambio. Después explicó cosas de economía japonesa, dijo cosas de las que no tenía la menor idea (lo cual tampoco es nada del otro mundo, si tenemos en cuenta que mis conocimientos de economía se resumen en los 20€ que pueda llevar en el bolsillo), habló de lo cara que está la vida en ese país (de eso si que sé un poco, pero por esta vez me limité a asentir) y de que las cosas allí son más caras porque los comerciantes tienen que pagar a los yakuza para poder tener negocios…

Nos despedimos y salimos por donde habíamos entrado.