Archive for the ‘Abstract’ Category

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410. Tres de azúcar

February 19, 2009

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Hacía un frío de cojones, eran cerca de las seis de la tarde y me había acercado a Akihabara a cambiar unos euros por yenes y gastar unos pocos de ellos o a buscar algo que tuviera en mente, no me acuerdo. Tenía bastante trabajo por delante esa noche, más sueño y nada suelto en la cartera con lo que sacar un café en una máquina expendedora. “A la mierda!”, pensé, “hago las cosas rápido y cuando me den el cambio lo pillo o, si no compro nada, cuando llegue a casa me hago uno”.

Buscando lo que buscaba en el centro comercial de turno, pasé accidentalmente por delante de la planta con las cafeteras donde unas chicas muy guapas todas ellas preparaban mini-cafés y explicaban la cantidad de virtudes del nuevo modelo de la marca tal. Paré mi paso de zombi y lo dirigí a una de ellas… no me acuerdo, pero seguramente a la que, con los ojos medio cerrados por el sueño, pensé que estaba mejor. Había más gente probando ese supuestamente exquisito café. Relamiéndose. Poniendo cara de estar buscando algo que se les ha perdido dentro de la boca…

No supe decirle una mentira, así que le dije la verdad “perdona, no voy a comprar la máquina, no me gusta el café, pero me quita el sueño y ahora tengo muchísimo… ¿te importa hacerme un café?”. La chica sonrió y me dijo que si le dejaba explicarme la infinidad de beneficios del trasto, que al fin y al cabo era su trabajo, si. Me contó los diferentes tipos que había, lo fácil de limpiar que era y otras cosas que no entendí pero a las que también respondí diciendo que sí con la cabeza y “aaah” con la boca. Con el vasito de papel en la mano y una sonrisa, me preguntó si le ponía azúcar y le dije que sí. “¿Uno o dos?”. “Tres”. Sonrió y me dijo algo que creí no entender bien. “¿Perdona?”. “No tienes cara de tomar el café con azúcar”, si, lo había entendido bien a la primera. No sabía muy bien qué decirle pero me reí, me lo tomé, le di un poco de conversación… “¿me haces otro? y… ¿cómo decías que te llamabas?”.

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408. Cris, díselo a la abuela

February 17, 2009

Me llegaba ayer (o antes de ayer, ya no me acuerdo) el papelito del JLPT (Japanese Language Prolifecy Test) conforme he aprobado el tercer nivel. Esto no es ninguna proeza ni nada del otro mundo, pero da más alegría que suspenderlo y por eso lo quería poner aquí.

Todavía me acuerdo de ese domingo 7 de diciembre de 2008 que me sonó el despertador, me di media vuelta, volvió a sonar y me volví a dar otra,.. así hasta que con el tiempo justo pensé “si no he estudiado, ¿para qué voy a ir?”. Nada, que como entraba el sol por la ventana y parecía que iba a ser un día guay, salté a la calle corriendo que llegaba tarde y sin mucha idea de dónde iba, fui siguiendo a todo occidental que me encontraba en la linea Verde, o asiático con libros de textos sobre el aprendizaje del idioma japonés.

Cuando llegué y vi que el examen duraba desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde (más o menos) de un domingo soleado aunque un poco frío, pensé “¿Qué coño hago yo aquí?” (lo de coño no se lo digas a la abuela, Cris). Un examen, claro. Mucha gente a la que no conocía. Con el examen encima de la mesa, pensé que no era difícil. Había muy pocas cosas que no sabía, pero algunas formas gramaticales que tenía bastante olvidadas y poco usadas. Sin duda era infinitamente más sencillo que cualquier examen de los que tengo cada semana en la escuela, pero éste tenía mucha más gramática. La parte de comprensión lectiva era de risa.

Comí algo que compré en un konbini, tomé un poco el sol (en la cara) apoyado en una pared intentando coger unos minutos de sueño, y volví de nuevo a la enorme aula a seguir con la aventura.

No quiero parecer pedante por si hay gente que se ha preparado para el mismo examen habiéndose preparado duramente y no ha tenido suerte, pero sin haber estudiado (o por lo menos no para esa prueba), aunque no estaba seguro de haber aprobado, si que sabía que repasando un poco los cuatro apuntes de turno, era pan comido.

Ánimo a toda esa gente que se presentó, indiferentemente del nivel que fuera y no ha pasado. Enhorabuena a todos los que estos días están contentos por su aprobado, como por ejemplo Moon, que (la muy coreana) con poco más de un año de estudio ha sacado el nivel 2 y se presenta al 1 en abril.

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407. Amigos y sashimi

February 16, 2009

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Tengo el lujo de hacer amistad con la gente de los restaurantes, cuando vivía en Barcelona y más aun en Japón. Quizá porque me gusta comer, quizá porque hablo demasiado, porque me paso de gracioso,.. o puede que un poco de todo. El caso es que a veces recibo un trato y un mimo que me encanta. A mi y a mi estómago. Llámalo comida gratis. Llámalo recomendaciones. Llámalo el asiento que me gusta del local. Llámalo obsequios con sentimientos. Llámalo que me llamen por mi nombre. Llámalo que busquen alguna palabra en español para decírmela. Llámalo como quieras.

Cariñosamente, le he puesto el nombre a estos sitios como los “restaurantes de mis amigos”. Sin que sirva para despreciar a los demás, he de decir que especialmente hay un restaurante en Kamata, donde estuve viviendo unos días en el 2007, en el que me siento como en mi casa.

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Tiene una gran ventana a la calle con cortinas de madera que deja ver desde fuera el ambiente y la decoración del local. Un sitio pequeño, con luz acogedora, cálido quizá por la madera. Me gusta sentarme en la barra y ver como cocinan todos, como hablan entre ellos, unas cinco personas normalmente. Familia si no me equivoco.

Él dice que soy su amuleto, que desde que pasé aquella noche de 2007 a cenar, no ha hecho mas que ir más y más gente. Yo sonrío, pero lo cierto es que últimamente es difícil encontrar asiento si no reservas antes (que te lo diga Elmimmo). Cierto es que no es barato teniendo en cuenta lo que cuesta una cena en Japón, pero merece la pena. Pescado, guisos, pinchos yakitori, fideos, arroz. Aunque se ausente el famoso sushi u otros platos más conocidos de la cocina japonesa, el menú es bastante completo. De especial mención el sashimi: deja con la boca abierta al más puesto y es muy normal oír voces de admiración cuando pone en la mesa un plato. Siempre presentado de diferente manera según la temporada, las frutas o flores del tiempo. Tuve el lujazo de disfrutar de este sashimi otoñal en compañía de Aurelio cuando vino a hacerme una visita.

Opinad vosotros mismos…

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405. Shio Vanira Kit Kat

February 11, 2009

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El último por hoy, y que yo sepa no me queda ninguno en la nevera o en la estantería… la cual cosa supone que me he puesto al día. El de ahora es, posiblemente, el mejor que he catado. Sal y vainilla… La verdad es que es un poco rarillo y no sabría como describirlo.

Lo encontré en bolsas de unos veinte paquetillos en el konbini, en lo que decía ser una edición especial limitada. Vete a saber, lo mismo eran stocks de otra temporada y lo que querían los de Nestlé era quitárselos de encima rapidito…

El caso es que estaba muy bien. Al primer contacto con la lengua y trabajándolo con los dientes (yo que aun los tengo todos míos), no cabía duda de que era una chocolatina dulce, pero ya al final, después de haberlo empujado hacia abajo, te dejaba un toque salado muy suave bastante curioso…

Si tenéis la oportunidad, probarlo y me contáis.

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401. Mi maleta

February 9, 2009

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Por primera vez desde que vuelo a Japón, no me tocaba sentarme al lado de un hombre mayor que no me dice nada, ni me mira y se pasa el viaje pidiéndome paso para ir al aseo o durmiendo. Por primera vez estaba al lado de un chaval de apenas veinte años con el que quizá podía compartir algunas palabras u opiniones. La madre, sentada al otro lado del pasillo le felicitó por estar sentado al lado de alguien con quien supuestamente podía hablar. Él, se giró y me dijo algo en inglés que no pude entender. “Sorry?“. Lo repitió hasta tres veces, pero yo muy posiblemente no tenia el oído muy fino. Le dijo en japonés a su madre que no sabía de dónde era yo, pero que no hablaba inglés.

Al poco de ponerse en marcha el avión, mientras ojeaba las revistillas y folletos poco inetersantes, mientras, como siempre, miraba y remiraba el folleto de qué hacer en caso de emergencia pensado “un día tengo que rediseñar esta mierda y ofrecérselo a alguna compañía aérea“, me giré y le dije en japonés “perdona, ¿sabes qué nos van a poner de comer?“. Él me dijo que no y yo le respondí que tenía hambre (para variar). Me preguntó de dónde era y le dije que de España. Me dijo que mi japonés era muy bueno y yo le contesté que bastante peor que su inglés. “Bueno, aprender inglés ha sido difícil” respondió. “Aprender japonés no está siendo fácil… por ahora” repliqué. Hablamos sobre España, Japón, el fútbol, el sumo, la tortilla de patatas, el yaki maguro no kama, las mujeres españolas, las japonesas,..

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Le pedí un bolígrafo a una de las azafatas (evidentemente a una de las guapas, que esta vez las había) para rellenar el papelito de marras que enseñar en la aduana y cuando me lo trajo miró mi pasaporte que estaba en lo que hace funciones de mesa abatible. “España, ¿eres de España?“. Le dije que sí y le puse mi mejor cara de seductor como el que quiere tener una experiencia aérea a lo Emanuelle.

Cuando el trasto tocó suelo me despedí de mi amigo veinteañero, recogí mi mochila Delsei del compartimento superior, mi sudadera nueva, mi chaqueta y corrí el pasillo hasta la salida. Me despedí de las azafatas. Azafatas. ¿Quién fantasea con una colegiala teniendo una azafata cerca?.

Realmente sentía que había vuelto al orden, a una país que no es mi casa y posiblemente no lo sea nunca, pero en el que me siento muy a gusto. Ya tendré tiempo de hablar pestes de Japón, no por ahora. Recorrí el camino hasta las cintas de recogida de equipaje. Relajado, tranquilo como el que se pasea desnudo por su propia casa. Encendí el iPhone y le di la bienvenida de nuevo a internet en el móvil (casi) donde quiera y (casi) cuando quiera. Mandé un par de mensajes a Moon que me tenía un poco olvidado. A Flapy, para ponernos al día con Japoneando. Por el rabillo del ojo vi por primera vez en Narita vigilantes paseando perros en busca de drogas… “Eso lo tengo que probar yo fijo” pensé. Mientras un grupo considerable de personas esperábamos nuestras maletas una chica se fue paseando con un pastor alemán. Cogí mi maleta de la cinta, me dirigí a la salida y evidentemente la mujer condujo al perro hacía mi, que ni fumo, ni bebo, ni me gusta el fútbol. Me paré para que trabajase a gusto mientras daba dos vueltas a mi alrededor. En la segunda vuelta acaricié la oreja del perro y la mujer lo apartó y se fueron. Cuatro pasos más y estaba delante del hombre pidiéndome que abriera la maleta.

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Tengo la buena o mala costumbre de ir siempre al control que no hay nadie, no me gusta pararme detrás de alguien como el que no quiere que le inspeccionen el equipaje. Supongo que tengo bastante asumido que mi maleta la abren sí o sí. Me preguntó de dónde venía, si llevaba algo que me hubiera encargado algún japonés y si llevaba algún producto no permitido. No contento con mis respuestas negativas, me pidió muy educadamente que abriese la maleta. Reconozco que después le chuleé un poco de la forma más educada posible. Le dije “por supuesto, cada vez que paso por aquí me hacéis abrir la maleta o me metéis en aquella habitación” mientras le señalaba el cuartelillo. Apartó dos mochilas pequeñas que llevaba dentro de la maleta y me preguntó que eran unos paquetes grandes forrados de papel. “Turrón, mire, un dulce español” y rompí el papel para que lo viera. Preguntó y preguntó si llevaba más cosas y le dije que sí “una caja de pasas, dos paquetes pequeños de pistachos y dos de piñones“. Le pregunté por qué me abrían la maleta siempre mientras dejaban pasar a otras personas en los controles de al lado. Lo volví a preguntar pero el cabrón enfundado en una máscara y guantes blancos estaba demasiado ocupado rebuscando entre mis calzoncillos como para responder. Se hizo el sordo. Sin éxito, tomo el camino más rápido y me preguntó directamente si llevaba salchichas o jamón. Con tono chulesco por vivir siempre la misma escena, le respondí “cada vez que paso por aquí, tú u otra persona me hacéis abrir la maleta y me lo miráis todo, no llevo nada“. Buscó un poco más y como no encontró lo que buscaba, me dejó pasar.

Volvía a estar dentro con cuatro longanizas y varios paquetes de jamón. Me revolvió la maleta varias veces y los tuvo en sus manos más de una vez, pero sabía donde lo tenía que poner para que no se diese cuenta de que lo tenía en la mano. Experiencias adquiridas…