Archive for January, 2009

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395. Pagar deudas #4: Cerrar un círculo

January 31, 2009

Estando en Barcelona, mientras buscaba información y preparaba el viaje del 2006 a Japón, encontré un panfleto en el que había una foto de un mono bañándose en unas aguas termales en la nieve. “Aquí quiero ir yo”, pensé. Me emperré tanto que busqué información de dónde podía ser y apareció Jigokudani en Nagano. Supuso desviarnos del camino que unía Hiroshima con Utsunomia, pero yo estaba convencido de que merecía la pena y no me costó mucho convencer a Patri.

Además quería hospedarme en un ryokan justo al lado del parque, cosa que se volvió imposible debido a la hora a la que llegamos a la ciudad y teniendo en cuenta que había que sumarle un trayecto largo en autobús y una caminata de media hora por la montaña sin ningún tipo de iluminación…

Como no estaba muy programado, no habíamos buscado dónde pasar la noche o qué había interesante en la ciudad. Nos bajamos del tren bala y fuimos directos a la oficina de información turística a que nos explicasen como llegar a Jigokudani la mañana siguiente y nos recomendasen un sitio en el que pasar la noche. La mujer al otro lado del mostrador sugirió un ryokan que aunque estaba a un paseo de la estación y los dueños no hablaban nada de inglés (y nosotros nada de japonés), nos dijo que el trato era bueno y ofrecía un precio por habitación incluso menos de la mitad que otros en los que habíamos hecho noche. Pensé “vamos a dejar las maletas, buscar algo que cenar en la zona y volver para dormir, si es una mierda me da igual, sólo quiero dormir”. Que fuese barato era más importante que que fuese bonito.

Después de una caminata que me pareció eterna, nos plantamos en la puerta de un ryokan antiguo. Entramos y un hombre mayor, que ya había sido avisado desde la información de turismo de que íbamos, salió de una habitación corriendo para cargar con las maletas… y no le dejé. Pesaban demasiado.

Recuerdo que, como muchas veces que entro en un sitio nuevo, me fijé en todos los detalles y es cierto que no podría dibujar como era la recepción, pero recuerdo muchas cosas. El hombre que no tenía forma de hacerse entender con nosotros más que por signos, nos invitó a sentarnos en el salón que había en la primera planta para descansar mientras preparaba las cuatro cosas. Estaba viendo lo que parecía una serie en blanco y negro sobre samurais, “una pena no hablar japonés para poder hablar con él de que va la serie” pensé. Nos ofreció té, café, el sofá viejo en el que estaba sentado,..

Recuerdo que tenía un daruma enooorme en la entrada con el ojo derecho pintado y en el izquierdo una cruz. Me hizo pensar. Luego llegó la mujer, una señora mayor. Dejamos las maletas en la habitación. Salimos a pasear un poco por Nagano, ciudad que me imaginaba mucho más grande y me encantó lo pequeña y acogedora que me pareció. Volvimos para dormir y sólo hice una foto de lo cansado que estaba.

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A la mañana siguiente, nos despertamos bien temprano. Nos tenían preparado un trozo enorme de pastel para cada uno y café, desayuno que no entraba en el precio de la habitación que rondaba los 4000 yenes. La mujer y el hombre mayor que había querido subir la maleta a la segunda planta y ahora rondaba por abajo una chica de unos treinta años, en silencio, casi sin hacer nada y que denotaba un leve retraso mental más que evidente. La mujer, el hombre, la chica con retraso y el daruma con la cruz en el ojo izquierdo. Les pedimos que nos guardasen las maletas medio día mientras íbamos a Jigokudani y lo hicieron sin ningún problema. Pagamos y salimos. Cuando nos plantamos donde los monos no había nieve, pero fue muy divertido. Hice muchas fotos y el contacto completamente con la naturaleza y en la montaña fue bastante diferente a todo lo demás que había visto de Japón.

Llevaba en la maleta unos paquetes de jamón y queso para entregar en Utsunomiya, pero pensé que esta familia por el trato que nos habían dado en apenas unas horas, se merecían un recompensa o por le menos una manera de darle las gracias más allá de una inclinación de la cabeza y un arigato mal pronunciado.

Cuando llegamos de vuelta con prisas para continuar nuestro camino hacía la siguiente parada, nuestras maletas estaban en la recepción y no había rastro del matrimonio. Estaba la hija que no dijo palabra, señaló las maletas. Pensé en darle a ella el jamón y darle las gracias, pero no quería sólo “dar algo e irme”. Quería explicarle cómo comerlo, o por lo menos cómo no comerlo… Por aquel entonces yo tampoco sabía si ellos sabían como comerse un jamón que había costado cerca de 12€ 100 gramos… Entre la indecisión y las prisas, preferí no dárselo por dar. Estaba seguro de que algún día volvería, porque me había gustado mucho Nagano y no había tenido tiempo de ver nada, porque quería ver los monos en la nieve y porque el trato había sido genial.

***    ***

Pensé que ahora podía ser buen momento para cerrar el círculo que estaba abierto desde hace dos años y medio. Me sentía en deuda con ellos. Pensé que quizá era EL momento. Así que busqué billetes de autobús, los más baratos, y me embarqué en mi aventura.

Me hospedé en el ryokan de la montaña que en su día no pude. “No abras la ventana que los monos entrarán”, me dijo el dueño medio en inglés medio en japonés. Me bañé a última hora de la tarde en el rotenburo (aguas termales naturales) en medio de la montaña nevada con macacos de cara roja a no muchos metros. Compartí cena con otra gente que había llegado hasta ahí por el mismo motivo,.. Por la mañana temprano me desperté como todos los demás y desayuné. Doble calcetín y Timberland’s bien atadas. Camiseta, sudadera, chaqueta, pantalones largos, orejeras, gorro, guantes. En menos de cinco minutos estaba haciendo las fotos que no pude hacer dos años y medio antes a los monos.

El frío me hizo volver a por las cosas al ryokan al cabo de una hora más o menos. Entonces deshice mi camino por la montaña nevada. Media hora andando con alguna caída provocada por deslizamientos. Autobús y tren que me llevaron de vuelta a Nagano con un largo día por delante. Comí fideos soba recién hechos a mano típicos de la zona. Paseé por el templo que dos años y medio antes me había encontrado cerrado por ser demasiado tarde, una zona llena de puestecitos de dulces, helados y otras joyas de la cocina japonesa para comer andando. Galgeé algo como era inevitable. Hice fotos a las mismas cosas que anteriormente me habían llamado la atención.

Como si fuese el camino de mi casa al colegio, al trabajo, a casa de esa niña que tanto te gusta,.. así sabía yo el camino hasta el ryokan Kinenkan. Un poco nervioso y estando cerca de la estación caminé la calle ancha hasta que la cruza una carretera ancha, doblé a la izquierda y después otra vez a la izquierda buscando darle las gracias a la familia por el trato que me dieron dos años y medio antes. Buscando poder hablar un poco con ellos. Mirando las casas de la izquierda llegué hasta la tienda de deportes que tiene el muro pintado con publicidad de Mizuno. “Me he pasado”. Deshice mis pasos… pero nada. Pasó una mujer en bicicleta que paró enfrente y le pregunté “perdone, ¿aquí no había un ryokan hace tiempo?”, “aah, si, el Kinenkan, estaba allí” me dijo señalando un solar… al que me acerqué…

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Nada. No quedaba nada. La verdad es que no sabía que hacer… Volví a la estación donde me habían recomendado hospedarme ahí dos años y medio atrás y pregunté. Me dijeron que lo cerraron hace dos años… pero no me supieron decir qué pasó o por qué lo cerraron. “Joder” es lo único que tenía en la cabeza… Joder. Pedí ayuda para intentar buscar por internet o llamar donde haga falta y saber qué pasó… pero no he podido encontrar nada…

Llegué dos años tarde…

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394. Pagar deudas #3: Pisar sobre pisado

January 30, 2009

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393. Pagar deudas #2: Macaco de cara roja

January 29, 2009

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392. Pagar deudas #1: Desde mi ventana

January 28, 2009

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391. Algo está pasando…

January 27, 2009

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Normalmente cuando me preguntan sobre España por estas tierras, hago un poco de hincapié quizá en algunos tópicos o “generalizando” que no representan la realidad absoluta pero no son del todo mentira.

Una de las cosas que solía decir es que en España escasean las lluvias. Es posible que en el norte digan que no allí, no lo sé. En Barcelona no solía llover mucho aunque se diga lo de “en abril aguas mil”, y las sequías en el sur son más que una realidad y un problema…

Mi primo me manda fotos del mal tiempo del que hablaba Nuria hace sólo dos días, y la verdad es que me cuesta creerlo. Árboles con más de cien años en el suelo partidos por la mitad, la habitación de la terraza de casa de mi abuela sin techo, destrozos por todos lados e incluso muertos,..

Realmente algo está pasando…

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390. Carpa

January 27, 2009

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Uno de los peces que siempre he oído decir a los japoneses que no comen, es la carpa. Por lo que me comentan, es algo que se solía comer en tiempos de guerra y que ahora sólo lo hacen muy pocas personas mayores o cierto tipo de restaurantes. La opinión general que yo me he encontrado es que es un animal bonito al que contemplar, que es desagradable el imaginar comerlo… y que tiene tantas espinas que no merece la pena.

Lo cierto es que nunca he visto a la venta en un supermercado (la cual cosa no quiere decir que no se pueda encontrar), o en el menú de un restaurante de sushi, pero recientemente he tenido la oportunidad de probarlo en sashimi. Estaba acompañado de una salsa, supongo que por ser escaso de sabor. Textura dura y fácil de encontrar alguna fina espina comestible.

Como anécdota está bien, pero he de decir que dejé más de la mitad de la pequeña ración del plato… quizá había oído hablar demasiado mal de este manjar e influyó en mi paladar, pero no destacaba por su gran sabor. Cabe decir que más gente del mismo comedor, todos japoneses de edades entre los 30 y los 60 años, algunos no tocaron el plato y otros no dejaron resto de lo que allí había.

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389. Vecinos (dos semanas después)

January 23, 2009

Si hace una semana contaba que tengo una vecina de otro planeta, o como decía cokluiser en los comentarios una super vecina, hoy quería decir que tampoco tengo quejas de los demás vecinos, ya sean del mismo edifico de hormigón armado o de las casas (de bastante mejor ver) que hay al lado.

Tomé la foto anterior unos cuantos días antes de hacer la entrada, bien puede hacer un par de semanas. A día de hoy, la cosa sigue así: misma cesta, mismo cartel intacto y dos piezas de ropa en bolsa esperando que su propietario las recoja. Nadie toca nada que no es suyo. Supongo que dentro de unos días, si las prendas siguen sin dueño, la mujer las acabará por quitar… me pregunto que hará con ellas, porque estoy casi seguro de que ni las tira ni las usa…

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