Archive for May, 2009

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433. ¿Dos mejor que una?

May 28, 2009

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Me encontraba yo photoshopeando unas cuantas (bastantes) fotos que hice el otro día para hacer una panorámica de la ciudad de Barcelona, y tras el largo rato que tardó mi blanco Mac Book en procesar las veintiséis imágenes, me encontré con esta sorpresa.

Amplié todo lo que pude para ver como había hecho la fusión y dónde podía estar el fallo y aunque si que lo hay, no me dejó de sorprender el resultado. Dos Sagradas Familias… ¿cual acabarían antes?

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432. El precio de las cosas

May 21, 2009

El chaval, en inglés, me dijo que la entrada le parecía cara. Seis euros por media hora de espectáculo. Bueno, quizá no sea barata, pero piénsalo un momento, le dije. Si vas a comer una hamburguesa de mierda a cualquier restaurante de cualquier cadena, por seis euros te pueden poner un menú con de patatas fritas que en el mejor de los casos llevarán más de cinco minutos hechas, una cerveza o un refresco aguado que nada tiene que ver con la versión en lata o botella de la misma marca, y una hamburguesa de dudosa calidad, que con mucha suerte estará recién hecha. Para hacer semejante manjar, que degustarás en menos de diez minutos, hacen falta quizás tres personas…

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Ahora pensemos que hay ahí adentro. Por una entrada de seis euros (cuatro si traes el flyer de publicidad que reparten por la calle), vas a ver a cinco profesionales. Dos hombres tocando la guitarra y metiendo feelings, una mujer cantando y una pareja bailando. Cinco profesionales trabajando para dar un espectáculo que haga a la gente disfrutar y llevarse una buena experiencia, sin necesidad de que sea de dos horas, del flamenco.

Si me preguntas si la entrada de seis euros por un espectáculo de música en vivo con profesionales durante treinta minutos me parece cara… te diría que no.

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431. Libritos

May 5, 2009

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Estando en Japón, me hice libritos alguna vez. No fue fácil. Encontré alguna carnicería que vendían la carne al corte, pero no me veía lo suficientemente preparado como para plantarme y explicarle al carnicero en cuestión que quería lomo de dos colores, cortado ni muy fino, ni muy gordo, para hacer libritos. ¿Cómo se dice lomo en japonés?, ¿cómo se dice lomo de dos colores?, ¿y libritos?… Bueno, creo que le podía pegar el sermón y explicarle como tenía que cortar la carne haciendo referencia a “como un libro”. Lo del lomo (olvidémonos de los dos colores), muy posiblemente lo podía encontrar en el diccionario electrónico que el bueno de Flamio me acompañó y asesoró en comprar un día en Akiba… pero descarté la aventura de entenderme con el carnicero en pos de la de encontrar carne que parezca lomo y sea un poquito gorda en el super, cortarla y preparar semejante manjar lo mejor que uno puede.

La anécdota fue divertida pero engorrosa. Aunque podría haber sabido lo que era lomo y lo que no muy fácilmente, opté por fiarme de mis ojos con lentillas. Me planté frente a la nevera de la carne y fui descartando lo que era pollo o pájaro de lo que era ternera o marrano. Acabé echando en mi cesta una bandeja de algo que parecía lomo, o por lo menos se parecía a algo que yo ya había visto en la carnicería de mi barrio, así que no podía estar malo…

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El queso fue un problema, me gustan los libritos con queso de verdad y no la mierda esa con forma cuadrada que parece plástico. El encontrar “queso de verdad” en Japón no es imposible, pero tampoco tan fácil como lo es en España. Así que le tuve que poner queso de ese que dicen que alimenta como nosecuantos vasos de leche, pero no sabe a nada y tiene peor pinta. El jamón cocido, mucho más pequeño que el que se puede comprar en las charcuterías españolas (que no nos engañemos, es bastante grande) muy posiblemente porque el consumo sea mucho menor, me pareció menos jugoso y fresco y me recordó más a una mortadela, de todos modos, de sabor no estaba mal.

Bueno, me junté en casa con el queso en lonchas, el jamón cocido y esa carne cruda que parecía lomo (lo era). Rebusqué entre los cajones el cuchillo que me daba una probabilidad más alta de no cortarme la mano en un mal gesto, lo intenté afilar un poco más en la base de cerámica sin acabado en brillo de un bol y lo usé lo mejor que pude, que no voy a decir ninguna mentira, no fue todo lo bien que debería haber sido. Puse el relleno. Enhariné. Pasé por huevo. Rebocé con pan rallado. Freí en aceite. Saqué a una bandeja con papel de cocina, y compartí en compañía japonesa que a los primeros cortes miraba el jamón y el queso dentro diciendo “omoshiroi” y “oishii” repetidamente.

La verdad es que para no tener los mejores ingredientes para esta receta, o por lo menos no los que uno está acostumbrado a usar, aunque el sabor, evidentemente, no era el mismo, daban el pego en un momento de nostalgia del paladar e incluso te podían hacer quedar como un apañao delante de la chica que esperaba mientras preparaba la mesa, a que acabases de hacer la comida…

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430. Impuesto revolucionario

May 3, 2009

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Dando un garbeo por el casco antiguo de Barcelona con Giro, nos encontramos una tienda de ropa con algunas marcas japonesas. Lo que exponían en el escaparate, no eran las mismas colecciones que se podían encontrar en Tokio, la cual cosa confirmaba que sí, nos venden stocks y prendas descatalogadas de otros países a precio de temporada, ya que los precios, si cabe, eran incluso más caros.

Entramos a curiosear con los bolsillos pelaos y pocas intenciones de gastar… Él anduvo moviendo perchas ojeando ropa y yo me quedé un poco al margen.

Cuando el dependiente nos quiso explicar que las marcas eran niponas, que el dueño era Fulanito, que patrocinaba a Este o a Elotro,.. mi amigo le dijo que yo estaba viviendo en Tokio, a lo que yo apunté: Yokohama, y no dudé en comentarle que lo que tenía su escaparate, aunque no eran diseños feos, no era lo mismo que se podía comprar en Japón. El tío fue sincero y no me escondió nada, dijo que compraban las prendas en Hong Kong ya que las distribuidoras oficiales eran más caras (¿no me digas?) y que por no comprar a éstas, no tenían derecho a devolución o cualquier tipo de cambio. Después explicó cosas de economía japonesa, dijo cosas de las que no tenía la menor idea (lo cual tampoco es nada del otro mundo, si tenemos en cuenta que mis conocimientos de economía se resumen en los 20€ que pueda llevar en el bolsillo), habló de lo cara que está la vida en ese país (de eso si que sé un poco, pero por esta vez me limité a asentir) y de que las cosas allí son más caras porque los comerciantes tienen que pagar a los yakuza para poder tener negocios…

Nos despedimos y salimos por donde habíamos entrado.