Archive for the ‘Nihongo’ Category

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294. You are nobody (til somebody kills you)

August 20, 2008

En 1997, Christopher George Letore Wallace (aka Notorious B.I.G.) acababa su segundo trabajo discográfico y primero póstumo con una canción que se llamaba “You are nobody (til somebody kills you)”. Posiblemente él no sea el autor de dicha frase y Fujio Akatsuka no fue asesinado por nadie, pero creo que estas palabras no calzan del todo mal en lo que me ha pasado.

Hace unas semanas recorrí algunas tiendas buscando el número uno de “Tensai Bakabon” (Tontobon el Genio) y no tuve éxito alguno. A la pregunta de “¿sabe cuando lo va a tener o si le tiene que llegar?”… nadie sabía nada. Hoy me he pasado por una librería que hay cerca de donde estudio para mirar unas revistas y cuando estaba dentro se me ha ocurrido echar un ojo por casualidad. Evidentemente en la tienda estaban todos los números de la serie, la edición de bolsillo, la grande y los especiales… además de otras obras del autor.

Esta es la portada del primer volumen de la serie, en el “obi” (cinturón), papel azul que rodea el libro, se puede leer “Bakabon ha Bakadou no Baiburu da”… Bakabon es la Biblia del camino a seguir para ser tonto.

Dos curiosidades curiosas sobre el autor. Durante una temporada de su vida compartió piso con otros jóvenes, entre los que se encontraban los autores de Doraemon (Fujio F. Fujio). Según un texto escrito por Nobuyoshi Araki (español | english), amigo del autor de Bakabon, en uno de los volúmenes de la serie, éste participó en alguna de las películas pornográficas que el fotógrafo dirigió y destaca… que estaba muy bien dotado.

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281. Estaba de parranda

July 30, 2008

Ayer devolví a Arturo al aeropuerto y parece que fue ayer también cuando lo fui a recoger a Narita, le explique lo que era una tarjeta Pasmo y le enseñé como se sacaba una bebida de una máquina con ella. Todo eso como si fuese mi hijo mientras miraba la bebida en su mano alucinando.

Cuatro palabras en japonés mal enseñadas deprisa y corriendo para sobrevivir en la calle “kore”, “sumimasen”, “konichiwa” (se me ha olvidado la cuarta, pero conociéndome quizá era “manko”). Camino a casa para dejar las maletas, buscar un hotel cerca, salir corriendo a un Yoshinoya a comer unadon (bol de arroz con anguila) por apenas 3€. Yo a clase, el a la siesta. Encuentro en Hachiko por la tarde, esa estatua del perro al que parece que le han sembrado personas cerca…

Atrás quedan sesiones y sesiones de sushi. “Guatashi gua sushi daisuki des” es la frase que oigo cuando un japonés se burla de un occidental… Estos días me ha venido a la mente, en el Tsukiji o en algún que otro restaurante que hemos visitado. Pero quedan otras cosas, quedan… noches de parranda y risas como en los viejos tiempos, quedan… paseos en tren, queda… cena en “el restaurante de mis amigos” de Kamata (tengo otros amigos con otros restaurantes…), queda… un concierto de los Tokyo Milk Babies en el que Milk Suzuki se metió una barrita Pocky (como las Mikado de España) por el culo a mitad de concierto para ver si aguantaba (evidentemente no aguantó el resto de canciones y se desintegró), quedan… paseos con Fred y “mira esa”, “mira esa”, “mira esa”, entre otras cosas…

Por mi parte y andando de arriba a abajo acompañando a un turista, me he dado cuenta de que tengo que estudiar más… pero también es gratificante el ver que he podido desenvolverme cada día con mi japonés que aun deja mucho que desear. Para comprar un par de yukatas en una tienda. Para pedir lo que quiero en un restaurante. Para saber que me están diciendo en la puerta de la discoteca que si no voy acompañado de una chica no puedo entrar. Para mantener una conversación con un borracho que pregunta tres veces en cinco minutos de donde somos. Para gastarle alguna broma a las chicas del “Mister Donuts” (sólo a las guapas…) Para preguntar y desenvolverme entre las estaciones de tren y metro. Para pararle los pies a un japonés graciosillo que se quiere reír con sus amigos a costa de que somos extranjeros. Para mandar mails y saber donde se hace el concierto a una hora en tren del centro, buscar el sitio en el Google Maps del iPhone desde la estación y en un paseo plantarnos en el sitio sin perdernos. Para buscar una sala de billares y enterarme como va la cosa. Para pedir en un restaurante en el que el menú está en japonés y no hay un solo dibujo o foto. Para alguna cosa más que se me olvida…

He grabado algunos vídeos que aun tengo que encontrar un rato para volcar al ordenador, pero no he hecho ni una sola foto. Soy demasiado maniático para ilustrar una entrada con una tomada con la cámara de un móvil, no es que esté mal, son manías mías. Sin que sirva de precedente, tomé la de ahí arriba en una “Fiesta de la Cerveza” en la terraza de la octava planta de un edificio de Shinjuku.

Como ya he dicho antes, el salir más por ahí y entablar más conversaciones me ha hecho ver parte de los defectos y carencias de mi japonés (que son muchas). Me ha hecho darme cuenta que realmente hay que estudiar a la vez que, si se estudia, fácilmente se ven los beneficios…

Estoy de vuelta. Con los veintipico esbozos o apuntes de entradas pendientes. Con las clases más en serio, que los últimos quince días me los he tomado un poco a la bartola.

No se vayan todavía, aún hay más…

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269. Papel

July 1, 2008

El primer profesor de japonés que tuve (en Barcelona) vendía, creo que por 6€, una recopilación de fotocopias de libros de ejercicios y texto. Es posible que no fuera lo más legal del mundo, pero como sistema de estudio me parecía ordenado. Seguir un diseño de libro que él se había hecho a base de corta y pega quizá con lo que creía interesante. A todo eso complementaba con alguna que otra fotocopia de vocabulario, verbos, gramática que él mismo escribía, o lo que es lo mismo, no eran más fotocopias de otros libros.

Después de estudiar en el salón de la casa de ese hombre de Hokkaido, entré en la Escuela Oficial de Idiomas de Barcelona de las Drassanes (o EOIBD para los que les gusten las siglas), de la cual no voy a hablar sobre su calidad, profesores,.. El caso es que para seguir las clases había que comprar el libro de texto número uno de “Nihongo: Japonés para hispanohablantes” de la editorial Herder. Tampoco voy a hablar de si el libro me parece bueno o no. Lo que si quiero decir es que me hicieron comprar un libro que abrí menos de diez veces en clase, para luego darme una cantidad de fotocopias de otros libros, con las que podía llenar más de dos carpetas de las grandes.

Cambié de escuela, de profesores, de país y de libro. Llegó el “Minna no Nihongo” de 3A Corporation. Me di cuenta que anteriormente, había recibido fotocopias de ese libro, bastantes. Pues nada, otro que después de comprar, he abierto diez veces en clases y el que parece ser necesita un soporte extra de casi cien fotocopias en tres meses…

¿Realmente no existe un libro de japonés completo que no necesite de estas cosas? ¿la opción “pirata” y “cutre” de mi primer profesor es la mejor?

No he estudiado otros idiomas, por lo que no sé si es común… La verdad es que me parece una pena que después de hacer una inversión en un libro, se de tal cantidad de fotocopias. Personalmente, me resulta casi imposible mantener en orden esa cantidad de papeles. Buscar la hoja que me dieron hace dos semanas que además estaba recortada en formato cuartilla y ya utilizamos… Si es inevitable, ¿por qué no se usan fotocopias y dejan de obligar a comprar libros?

Aquí abajo os dejo una foto con el grueso del “Minna no Nihongo” y la cantidad correspondiente de fotocopias. En el libro hay más papel (es más fino y está impreso a doble cara), pero… me sigue pareciendo excesivo…